What about people barred from moving around freely?

Pregnant in asylum procedure

What does the situation for families and pregnant people in asylum centres or in deportation prison look like?

Also in Switzerland, pregnant people in asylum centres are not well cared for.

People stuck in the asylum procedure often are forced to live in a very crowed space. Many are psychologically traumatized und suffer, at the same time, from uncertainty about the outcome of their asylum procedure.

 

Full text on https://frauenstreikzuerich.ch/2020/09/07/what-about-people-barred-from-moving-around-freely/

Why the „March for Life“ is an attack on our freedom

 

Why are we feminists fighting for the right to abortion?

WTIQ’s self-determination about their own bodies is a main concern for feminists. That’s why we defend ourselves against heteronormativity and any form of domination. We decide if and when we have children! The disempowering prohibition of abortions, however, forces us to have children regardless of whether we want or can.

 

For the full text: https://frauenstreikzuerich.ch/2020/09/06/why-the-march-for-life-is-an-attack-on-our-freedom/

Una respuesta feminista al Coronavirus y a la crisis del capitalismo

En todo el mundo, la gente está profundamente afectada por la pandemia y por la intensificación de las restricciones en la vida cotidiana. Al observar el cierre de instituciones y de los refugios de emergencia, el desmoronamiento de las estructuras educativas y asistenciales, la introducción del trabajo a jornada reducida y el aumento de los despidos, la vigilancia de la vida pública, el aislamiento forzoso y el cierre de las fronteras, las contradicciones del capitalismo se hacen evidentes. Este estado de emergencia afecta especialmente a las personas que ya habían sido marginadas por el sistema actual[1]. Así pues, es precisamente en esta situación en la que se acentúa nuestra posición como colectivo feminista/mujeres* en huelga. El Coronavirus está golpeando al mundo con máxima fuerza fruto de un sistema centrado en el beneficio, en políticas de austeridad, en el individualismo y en la devaluación de los trabajos de cuidados. Al final, es precisamente por haber descuidado el sistema de salud la razón por la cual muchos derechos básicos estén ahora restringidos y que tengamos que quedarnos en casa.

 

El colectivo feminista/mujeres* en huelga pide por tanto que se encuentren formas comunes de solidaridad y resistencia para establecer una acción cohesionada, la igualdad de derechos para todas y un cambio feminista radical. Aunque estemos físicamente separadas, nos esforzamos por dar una respuesta que sea colectiva, que haga hincapié en la colaboración internacional y que trabaje por un mundo más justo.

 

 

De ser invisibles a ser relevantes para el sistema

 

“Nuestro trabajo tiene valor, sin nosotras el mundo se para.” Hoy, el lema de la huelga del año pasado es más relevante que nunca. Si las mujeres*, trans*, inter* y las personas queer* de género (de aquí en adelante escrito con la abreviación germanófono FTIQ*)[2] dejaran de trabajar ahora, la sociedad actual llegaría a su fin. Muchas FTIQ* trabajan en profesiones en las que no es posible trabajar desde casa – no pueden permitirse el hashtag #yomequedoencasa. Incluso las trabajadoras que pertenecen al llamado grupo de riesgo se ven obligadas a seguir trabajando. Al mismo tiempo, las instituciones de cuidados y educación están cerradas para casi todos y lxs niñxs de repente tienen que ser cuidados a tiempo completo en casa. ¿Cómo se solidariza la sociedad con una enfermera* que, además de su trabajo remunerado, cuida de sus hijos, asume tareas educativas, cuida de uno de los padres y al mismo tiempo hace el trabajo doméstico?

 

¿Qué pasa si ella misma se enferma con el COVID19? ¿Con qué tipo de apoyo puede contar una limpiadora sin papeles cuando pierde su trabajo y no tiene dinero para comprar comida, además de vivir en un estado permanente de angustia por la posibilidad de ser deportada de repente? ¿Dónde está el apoyo para las trabajadoras del sexo que se ven amenazadas por la pobreza y la falta de hogar debido a la pérdida de ingresos? ¿Cuál es la situación de la cajera, que trabaja todo el día y tiene miedo de infectar a la gente con el virus mortal, mientras que al mismo tiempo no puede permitirse la Tablet, necesaria para que sus hijxs puedan seguir la enseñanza online? ¿Cuál es el valor de todo su trabajo indispensable?

 

 

La crisis de los cuidados nos afecta todxs

 

El inminente colapso del sistema de salud es un escenario que surgió muy repentinamente – pero no inesperadamente. Es un riesgo mal calculado, llevado a cabo sobre las espaldas de las personas marginalizadas. No es sorprendente que en muchos países los sistemas de salud estuvieran al borde del colapso. Las feministas venían advirtiendo durante mucho tiempo sobre los riesgos de tratar a la salud y a los cuidados como una mercancía, “apretando el cinturón” y haciendo los cuidados en “más eficientes”. Lamentablemente, estas prácticas se han normalizado en los últimos 30 años. A través de la situación del Coronavirus entendemos y sentimos los efectos de los recortes presupuestarios a largo plazo en los sistemas de salud.

 

La mayoría de los trabajos de cuidados son llevados a cabo por personas FTIQ*, y es un trabajo de cuidados que también está sistemáticamente mal pagado: En la atención de enfermería, en el hospital, en residencias de ancianos y asilos, en la limpieza, en guarderías y en los jardines de infancia. Además, también en el contexto privado de la familia, este tipo de trabajo suele ser realizado por personas FTIQ*, lo que los somete a múltiples tensiones[3]. Los roles de género obsoletos, la brecha salarial injusta y las formas precarias de empleo penalizan estructuralmente a FTIQ*. Esto podría agravarse aún más, ya que estas medidas empujan a algunas de ellas a estructuras familiares pequeñas (y hacen imposible otros modelos de familia) si tienen que hacerse cargo del cuidado de los niños debido al menor salario, lo que les obliga a recortar.

 

 

De repente, estas trabajadoras* “relevantes para el sistema” y abnegadas son puestos en el centro del debate público, siendo aplaudidas desde los balcones y abrumadas por la gratitud. Sin embargo, esto no deja de lado nuestra apremiante pregunta: ¿Por qué este trabajo “relevante para el sistema” es el peor pagado, o no se paga nada? ¿Por qué la mayor parte de este trabajo sigue siendo realizado por FTIQ*? Seguramente, aplaudir es un buen gesto, pero esto no se traduce en mejores salarios. Especialmente, si durante este aplauso público las relaciones laborales se estrechan aún más. Este es también el caso de las cuidadoras que ahora se supone que deben cuidar hasta 40 niñxs por su cuenta por el mismo salario miserable. El hecho de que las leyes laborales, tales como las horas máximas de trabajo y los períodos de descanso necesarios para los trabajadores de los hospitales, fueran anuladas, demuestra claramente hasta qué punto estos trabajadores “relevantes para el sistema” siguen siendo tratados como de segunda clase. Es escandaloso que las consecuencias de las decisiones irresponsables se trasladen a aquellos (principalmente la FTIQ*) que ya están sufriendo las consecuencias.

 

El virus expone y agrava las relaciones de poder y sus contradicciones: no son los directores generales, los banqueros, los propietarios de inmuebles, los fabricantes de productos farmacéuticos o los empresarios de tecnología los que mantienen nuestra sociedad en funcionamiento, sino los trabajadores de atención sanitaria invisibles y las trabajadoras no remuneradas estratégicamente en el comercio minorista y en la logística. Sin embargo, estas últimas serán las principales víctimas de la crisis, mientras que los primeros seguirán “cuidando” sus problemas de lujo. Y este es exactamente el problema.

 

 

Grupos de riesgo olvidados

 

Las personas más vulnerables al Coronavirus debido a la edad o a enfermedades anteriores deben ser protegidas sin duda alguna. Sin embargo, la definición de “grupo de riesgo” es bastante limitada en la práctica. A menudo se oculta a la vista que hay muchas más personas expuestas a otros riesgos mortales que están aún más amenazados por el virus. Para muchxs, no es posible permanecer en casa – ya sea porque no tienen hogar, porque es sofocante o porque plantea otros peligros, en particular en el caso de la violencia doméstica.

 

Ciertas personas que ya están marginalizadas en la sociedad – ya sean mayores de 60 años o que padezcan otras enfermedades – están siendo totalmente abandonadas: personas en las fronteras, en las prisiones de deportación y en los campos de asilo que no tienen acceso al agua ni a los medicamentos y que ahora están expuestas al virus. Debido a las prohibiciones de visita, las personas encarceladas en espacios confinados están más aisladas y, por lo tanto, expuestas a un mayor riesgo de infección. A diferencia de otros países, en Suiza ni siquiera lxs prisionerxs pertenecientes al grupo de riesgo pueden interrumpir su detención, una interrupción que podría salvar vidas. Además, los lugares de asesoramiento social y de intervención en situaciones de crisis que durante mucho tiempo han sido objeto de recortes por políticas de austeridad están ahora sobrecargados de trabajo y limitados en lo que pueden hacer. Por lo tanto, las personas sin hogar se enfrentan a albergues de emergencia abarrotados y a personas poco acogedoras que se toman literal la “distancia social” y las rechazan totalmente. Muchas personas no son conscientes de que las personas con discapacidad también se encuentran entre el grupo de riesgo. Temen que sus cuidadores sean llevados a los hospitales y que sus necesidades de salud queden en suspenso. Se hace evidente cómo las formas de opresión existentes están a punto de reproducirse e intensificarse.

 

La llamada a la solidaridad – el mantra de muchos gobiernos del mundo – está llegando a sus límites. Si miramos de cerca, su lema es “solidaridad para los elegidos”. Incluso ahora, la solidaridad no comienza con la estancia en casa y ciertamente no se detiene en el aplauso. El cierre de las fronteras nacionales demuestra que no hay solidaridad para los países vecinos ni para el Sur global. Ni un solo país europeo ha respondido al llamamiento de ayuda de Italia, aceptando sin compasión la muerte de miles de personas. Desde la época colonial, la posición privilegiada de países como Suiza se basa en la explotación estructural y las desigualdades de poder a nivel mundial. Por esta razón, es de esperar que el Sur global se vea afectado aún más intensamente. La solidaridad exigida (por el Estado) es una promesa vacía, una demanda presuntuosa para todas las personas marginalizadas y mal- o impagadas. Las estructuras capitalistas carecen esencialmente de solidaridad.

 

 

Cuando #Yomequedoencasa significa violencia sexista

 

En el caso de adolescentes, niñxs y FTIQ* la cuarentena resulta ser particularmente peligrosa. Se ha demostrado que la violencia doméstica durante la cuarentena en China se ha triplicado, lo que también aumentará el número de feminicidios (asesinato de FTIQ*). La situación es alarmante en todo el mundo, y las medidas inadecuadas lo son aún más. Ya antes del Coronavirus, los refugios para mujeres* en Suiza habían llamado la atención sobre su falta de espacio y han sido ignorados durante años. Debido a la falta de fondos y al aumento de la violencia, los refugios para mujeres* están sobrecargados, cerrados por el momento debido a la cuarentena, y por lo tanto no pueden proteger a las mujeres* que están gravemente amenazadas. Mientras que la economía está por supuesto sostenida financieramente, los refugios para mujeres* y por lo tanto las vidas de las vulnerables FTIQ* no lo están.

 

El confinamiento influye directamente en el derecho de autodeterminación de todas las personas FTIQ* sobre sus propios cuerpos. El confinamiento del espacio refuerza los controles paternalistas, de modo que las FTIQ* experimentan más opresión y violencia por parte de su pareja o padre, por ejemplo, cuando intentan abortar sin que se note. Esto es difícil de todas formas por el límite de tiempo y las citas obligatorias requeridas, cuando algunas de las clínicas que actualmente hacen abortos tienen escasez de material o están cerradas debido al Coronavirus. La situación está empeorando ya que debido al aumento de la violencia sexual la demanda de aborto también aumenta.

 

Además, el acceso a los anticonceptivos no siempre está garantizado. Por ejemplo, muchas clínicas ya no insertan dispositivos intrauterinos porque esto no cuenta como un procedimiento urgente. La venta de preservativos se ha agotado durante mucho tiempo. Es de temer que aumente el uso de métodos de aborto inseguros, lo que puede tener consecuencias que pongan en peligro la vida. En esta ocasión, algunos estados conservadores de Estados Unidos han “pospuesto” las intervenciones por un período de tiempo indefinido. Sin embargo, los abortos no pueden simplemente posponerse, con el resultado de que el derecho feminista a la autodeterminación física está casi completamente suspendido. Forzar a las personas FTIQ* a permanecer embarazadas es una brutal violencia estatal y conduce a un sufrimiento psicológico extremo. La violencia también la experimentan las personas cuyos tratamientos son recortados debido al desmoronamiento de los sistemas de atención de la salud, por ejemplo, las personas trans* que están en transición y cuyos tratamientos hormonales o fechas de operación se posponen.

 

El estrés mental que afecta a todo el mundo no está siendo tratado suficientemente. Por ejemplo, las personas que sufren de ansiedad o tendencias suicidas, o las personas que no pueden hacer psicoterapia debido al encierro sufren particularmente durante esta crisis. El aislamiento significa violencia psicológica para muchos, y causa efectos negativos para la salud mental que comúnmente se subestiman. El estimado aumento de nuevas inscripciones durante y después de la crisis extenderá los tiempos de espera para conseguir una plaza con terapeutas* o en una clínica – las razones de esto es que incluso allí, los presupuestos han sido recortados durante años.

 

 

Hacer beneficio con el riesgo

 

La crisis financiera de 2008 se transmitió como una crisis de deuda a la vida de las trabajadoras: ya sea en el ámbito de la salud o de la vivienda, todo se volvió más caro. A su vez, las condiciones de trabajo y los servicios básicos se deterioraron. Países como España o Italia están experimentando ahora mismo de forma brutal las consecuencias de varias rondas de políticas de austeridad: la gente falleció porque antes no se habían producido suficientes respiradores. El personal médico tiene que tomar decisiones sobre qué pacientes seguir salvando y a cuáles dejar morir. Estas prácticas derivadas de la medicina militar conducen a la selección social, que a su vez afecta en particular a las personas marginalizadas: personas con discapacidades, personas que viven en la pobreza, personas sin hogar, ancianos y personas racializadas[4].

 

Es el personal del hospital, predominantemente femenino*, el que tiene que pagar por esta mala gestión económica, además del trabajo extra que tiene que hacer durante estos días. Tanto ellas como los familiares de lxs fallecidxs tienen que vivir con estas experiencias traumáticas. Los políticos y economistas conservadores están a cargo de este desastre porque durante años han priorizado el lucro por encima de las vidas humanas. ¡En el capitalismo, la especulación financiera sobre el riesgo de una crisis es una práctica común!

 

Poco se dice sobre las causas de las epidemias y sus vínculos con los modos de producción neocoloniales[5] y capitalistas. La industrialización mundial, la agricultura no regulada y la ganadería masiva destruyen los ecosistemas resistentes. Esto permite la aparición de virus que mutan más a menudo debido a las condiciones de trabajo y de vida confinadas. En resumen, si volvemos a la “normalidad” y seguimos como hasta ahora, la próxima epidemia estaría a la vuelta de la esquina en un futuro previsible.

 

Mientras tanto, los que están bien parecen estar bastante despreocupados, ya sea en el mercado inmobiliario, en el sector financiero o en el sector de los seguros. Aquellos que se han enriquecido como resultado de procesos de explotación comunes intrínsecos al capitalismo (o: el 1 %), tampoco se verán afectados por la crisis. En cambio, se beneficiarán de ella. Los bancos serán los principales beneficiarios del paquete de 500 millones de francos suizos de ayuda económica del cantón de Zúrich. Aunque conceden préstamos, el cantón respalda el 85% de ellos y muchas empresas probablemente no podrán devolver sus préstamos. En el mismo sentido, aseguradoras como Swiss Re (con un volumen de negocios de 33.000 millones de dólares) especulan con obtener beneficios a través de esta catástrofe. La “normalidad” es explotadora y desigual. La situación actual pone claramente de manifiesto que la explotación se está produciendo en función de dimensiones raciales, de género y de clase. No podemos volver a la normalidad, porque es esta normalidad la que resulta ser tan problemática.

 

 

La distancia física se convierte en resistencia social

 

Esta crisis nos permite entender que el mundo en el que vivimos necesita cambiar. Hacemos un llamamiento a todas las mujeres*, las personas trans*, inter* y a las personas queer: ¡Expresemos nuestra frustración! Aferrémonos a nuestras estructuras de resistencia existentes para hacerlas más fuertes. El capitalismo, la explotación, las estructuras sexistas y patriarcales, la exclusión racista y la destrucción del medio ambiente son políticamente producidos y deseados. Sin embargo, estas estructuras pueden ser derribadas haciéndolas visibles y aumentando la presión política y la resistencia.

 

Por lo tanto, nuestras luchas y convicciones son más urgentes que nunca: es a través de los cuidados y la benevolencia, la solidaridad y el apoyo mutuo – no la “mano invisible” del mercado- que nuestra sociedad se sostiene y se fortalece. El hecho de que el trabajo no remunerado es crucial para este sistema ha sido ampliamente reconocido. Por ejemplo, algunos empleados como la Universidad de Zurich y la cadena de supermercados Coop ya han declarado que el cuidado de los niños en el hogar se reconoce como tiempo de trabajo y, por lo tanto, se remunera como tal. Exigimos que esta práctica se aplique a todxs los empleadxs y que esta práctica no se detenga con el fin de Corona, sino que continúe en el futuro. Para que esto suceda, simplemente necesitamos más voluntad política.

 

Como parte de las medidas contra el Coronavirus, se están ampliando los controles estatales en los espacios públicos. Una atmósfera de miedo es el caldo de cultivo para la represión estatal y el aumento de la violencia policial, incluyendo la discriminación racial[6]. La medida en que el Coronavirus revela y refuerza el racismo también se refleja en la forma en que se culpa a las personas que se cree que son de origen asiático de la propagación del virus. ¡El problema no es ni China ni el Coronavirus – es una forma de capitalismo global, de forma nacional y sus mecanismos racistas y patriarcales! Rechazamos posiciones como el eslogan propagado por la Oficina Federal de la Salud (BAG) “Así es como nos protegemos #soschützenwiruns” porque estas posiciones son nacionalistas y excluyentes. Lo importante es un serio sentido de solidaridad internacional, tan urgente como lo es para Rojava, el territorio autónomo del noreste de Siria, que sigue siendo bombardeado por Turquía y las milicias y que tampoco cuenta con una atención médica adecuada.

 

Es a través de estas medidas y de la falta fundamental de atención social que nuestras interacciones y relaciones sociales se ven comprometidas – las interpersonales, personales e íntimas. El capitalismo es implacable en sus intentos de individualizar aún más la sociedad – pero en los últimos años los movimientos emancipadores han creado amplias redes en todas partes. ¡Unamos nuestras luchas! Luchemos juntas contra los despidos, las malas condiciones de trabajo, la violencia y la represión. Creemos estructuras de apoyo en el barrio y más allá. Consolidemos las conexiones sociales a pesar de la distancia física: Utilicemos las formas de organización existentes y las nuevas posibilidades de redes digitales, compartamos conocimientos y habilidades. Permanezcamos vigilantes y alerta, aprendamos de las experiencias de muchas, escuchemos a los demás. ¡Por una práctica feminista fuerte!

 

 

Las personas FTIQ* de todo el mundo se están defendiendo y están luchando por un futuro de solidaridad: Las trabajadoras* del supermercado Migros Cornavin en Ginebra, que estaban directamente expuestas a riesgos de salud, han dejado de trabajar con éxito. En Zúrich, el grupo Ni Una Menos continúa su protesta contra los feminicidios incluso durante el aislamiento. En Chile, millones de feministas* protestan en sus balcones contra el régimen patriarcal y neoliberal. Nuestras compañeras* en Italia llaman a la lucha feminista diaria usando el hashtag #IORESTOACASAMA (#YOMEQUEDOENCASAPERO).

 

Como colectivo feminista / de mujeres* en huelga, establecemos vínculos con los movimientos sociales que están yendo en la misma dirección y desarrollamos perspectivas comunes para ir más allá de la pandemia del capitalismo hacia un futuro feminista en solidaridad.

 

FTIQ*, únete al movimiento feminista interseccional!

 

Conectémonos:

 

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Más información:

 

syllabus.pirate.care/topic/coronanotes/

www.woz.ch/2013/gesundheitspolitik/geplante-unterversorgung

www.wildcat-www.de/aktuell/a112_socialcontagion.html

www.neues-deutschland.de/artikel/1134686.danteske-szenen.html

www.ajourmag.ch/seuche-schulden-solidaritat/

www.aljazeera.com/indepth/opinion/coronavirus-taught-inequality-200316204401117.html

static1.squarespace.com/static/59f87d66914e6b2a2c51b657/t/5e7bbeef7811c16d3a8768eb/1585168132614/AAFCZine3_CareintheTimeofCoronavirus.pdf

www.republik.ch/2020/03/26/versaeumnisse-bei-pandemie-vorsorge-kurzarbeits-gesuche-fuer-484-000-arbeit-nehmer-und-mehr-haeusliche-gewalt

taz.de/Schwangerschaftsabbrueche-und-Corona/!5673197/

www.srf.ch/news/international/coronavirus-hinter-gittern-wenn-gefaengnisse-zu-tickenden-zeitbomben-werden

www.welt.de/politik/deutschland/article206767157/Raul-Krauthausen-zu-Corona-Behinderte-haben-Angst-um-ihre-Existenz.html

www.jetzt.de/gesundheit/wie-werden-schangerschaftsabbrueche-vom-coronavirus-beeinflusst

 

 

 

[1] “Marginalización” se define como la discriminación y el desplazamiento de individuos y grupos a los márgenes de la sociedad.

[2] El asterisco indica que las categorías de género están construidas socialmente y que se consideran todas las formas de identidad y estilos de vida.

[3] Las estadísticas oficiales y algunos discursos feministas se mueven en conceptos binarios de género. Esto significa que las estructuras de explotación en sus dimensiones de género son completamente invisibles con respecto a la FTIQ*. Desde esta perspectiva, el trabajo de cuidados es realizado principalmente por mujeres*, pero también se ven afectadas las personas trans*-mujeres*, inter* y genderqueer. (“Gendering” se refiere al proceso de creación de diferencias sociales basadas en la atribución de roles de género estereotipados).

[4] “Racialización” se refiere a la creación de estereotipos y a la valoración de las personas en función de características perceptibles y no perceptibles (por ejemplo, el color de la piel o la religión). El racismo y la racialización están estrechamente relacionados. Este orden de poder afecta a todos los ámbitos de la vida y las relaciones (económicas, políticas, sociales) y hace que los blancos sean globalmente privilegiados.

[5] “Neocolonial” se refiere al hecho de que, incluso después del fin del colonialismo formal, la explotación sigue afectando al Sur global, por ejemplo, por las relaciones comerciales injustas instituidas a través de los países del Norte global.

[6] La discriminación racial o “racial profiling” se refiere a la práctica discriminatoria de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley de señalar a las personas como sospechosas de delitos por su raza, etnia u origen nacional.

 

 

 

A feminist response to Corona and the crisis of capitalism

All around the world, people are profoundly affected by the pandemic and intensified restrictions on everyday life. Looking at the closure of institutions, emergency shelters, the breakdown of educational and care structures, the introduction of short-time work and increased layoffs, the monitoring of public life, enforced isolation and the closure of borders, the contradictions of capitalism become clear. This state of emergency is particularly affecting those people who have already been marginalised by the current system before[1]. Thus, it is in this very situation that our position as feminist / women* strike collective becomes more accentuated. It is due to the long-standing focus on profit, austerity politics, individualism and devaluation of care-work that the Corona virus is hitting the world with maximum force. In the end, it is precisely because of a neglected health care system that we have to stay at home and that many basic rights are now restricted.

The feminist / women* strike collective thus calls for finding common forms of solidarity and resistance in order to establish considerate action, equal rights for all and radical feminist change. Even though we might be physically apart, we strive for a response that is collective, emphasises international collaboration and works towards a fairer world.

 

From being invisible to being system-relevant

 

“Our work is worth a mint – without us, everything stands still.” Today, the past year’s strike slogan is more relevant than ever. If women*, trans*, inter* and gender queer* people (hereafter abbreviated with the German-speaking shortcut FTIQ*)[2] would stop working now, the present society would be at its end. Many FTIQ* work in professions where home office is not possible – they cannot afford the hashtag #stayathome. Even workers who belong to the defined risk group are forced to continue working. At the same time, care and educational institutions are closed for almost everyone and the children suddenly have to be looked after full-time at home. How does society show solidarity with a health care worker who, in addition to her paid work, looks after her children, takes on educational tasks, cares for one parent and at the same time does domestic work?

 

What happens if she falls ill with COVID19 herself? What kind of support can a sans-papier (person who is undocumented by authorithies) cleaning worker count on when she loses her job and lacks the money to buy food, on top of living in a state of acute fear of being suddenly deported? Where is the support for sex workers who are threatened by poverty and homelessness due to the income loss? What is the situation for the cashier, working all day and being afraid of infecting people with the deadly virus, while at the same time not being able to afford the tablet computer for her children required for online teaching? What is the value of all of her indispensable work?

 

The care crisis affects us altogether

 

The impending collapse of the healthcare system is a scenario that came very suddenly – but not unexpectedly. It’s a badly calculated risk, carried out on the backs of marginalised people. It is little surprise, that in many countries health care systems were on the brink of collapsing. Feminists have long warned against treating care and health as a commodity, “tightening the belt” and making care “more efficient”. Unfortunately, these practices have become normalized over the past 30 years. It is through the Corona situation that eventually makes us understand and feel the effects of long-running budget cuts in health care systems.

 

Most care work is conducted by FTIQ*, and it is care work that is systemically underpaid as well: In nursing care, in the hospital, at Spitex (Swiss word for home care) in old people’s and nursing homes, in cleaning, day-care centres and in the kindergarten. In addition to this, also in the private context of the family, this type of work is usually carried out by FTIQ*, which puts them under multiple strains[3]. Obsolete gender roles, the gender pay gap and precarious forms of employment structurally penalize FTIQ*. This could now become even more acute since these measures push some of them back into small family structures (and make other family models impossible) if they have to take over childcare because of the lower salary, which requires them to cut back.

 

Suddenly, these „being system-relevant“ (in German so called system-relevant), self-sacrificing workers* are put at centre stage of the public discourse, being applauded from balconies and overwhelmed with gratitude. Yet, this doesn’t sideline our pressing question: Why is this “ system-relevant” work paid the worst – or nothing at all? Why is still most of this work done by FTIQ*? Surely, applauding is a nice gesture – but this doesn’t translate into better salaries alone. Particularly, if during this public applause employment relations are further tightened. This is also the case for caregivers who are now supposed to look after up to 40 children on their own for the same miserable wage. The fact that labour laws such as maximum working hours and necessary resting periods for hospital workers were overruled clearly demonstrates the extent to which these “ system relevant” workers are still treated as second-class. It is scandalous that the consequences of irresponsible decisions are shifted onto those (mainly FTIQ*) that are already bearing the brunt.

 

The virus exposes and exacerbates power relations and their contradictions: it is not the CEOs, bankers, real estate owners, pharmaceutical manufacturers or technology entrepreneurs who keep our society operating – but the invisible care workers and the strategically un(der)paid workers in retail and logistics. And yet the latter will be the main victims of the crisis, whereas the former will continue to “take care” of their luxury problems. And this is exactly the problem.

 

Forgotten risk groups

 

People who are particularly at risk from corona due to age or previous diseases must be protected without question. However, the definition of “risk group” is quite limited in practice. Often it is hidden from view that there are many more people exposed to other deadly risks that are even more threatened by the virus. For many, it is not possible to stay at home – either because they do not have a home, it is suffocating or poses other dangers, particularly in the case of domestic violence.

 

Marginalized people – whether they are over 60 years old or suffering from other diseases –  are now being dropped: people at borders, in deportation prisons and asylum camps who have neither access to water nor medications and who are now exposed to the virus. Due to visiting bans, people imprisoned in confined spaces are more isolated and thus exposed to a greater risk of infection. In contrast to other countries, in Switzerland not even prisoners belonging to the risk-group are allowed to interrupt their detention – an interruption that could save lives. What is more, places for social counselling and crisis interventions that have long been subject to rounds of austerity politics are now overstretched with work and are limited in what they can do. Therefore, homeless people are faced with overcrowded emergency shelters and they are confronted with unwelcoming people who take “social distance” word-for-word and totally reject them. Many people are not aware that people with disabilities are also among the risk group. They are afraid that their carers will be pulled away to hospitals and that their health needs will be put on hold. It becomes clear how existing forms of oppression are about to be reproduced and intensified.

 

The call for solidarity – the mantra of many governments in the world – is coming to its limits. If we look closely, their motto is “solidarity for the chosen ones”. Even now, solidarity does not begin with staying at home and certainly does not stop at applauding. The shutting down of national borders demonstrates that there is neither solidarity for neighbouring countries nor for the Global South. Not a single European country has responded to Italy’s call for help; uncompassionately accepting the deaths of thousands of people. Since colonial times, the privileged position of countries like Switzerland is grounded on structural exploitation and global power inequalities. For this reason, it is to be expected that the Global South is affected even more intensely. The state-demanded solidarity is an empty promise, a presumptuous demand for all those who are marginalized and un(der)paid. Capitalist structures are essentially without solidarity.

 

 

When #stayathome means sexist violence

 

For FTIQ*, adolescents and children the quarantine proves to be particularly dangerous. It has been proven that domestic violence during quarantine in China has tripled, which will also increase the number of femicides (murder of FTIQ*). The situation is alarming worldwide – the inadequate measures even more so. Even before Corona, women’s shelters* in Switzerland had already drawn attention to their lack of space and have been ignored for years. As a result of lacking funds and increased violence, women’s* shelters are overstretched, closed for the time being due to the quarantine, and therefore not able to protect women* who are acutely threatened. While the economy is, of course, financially supported, women’s* shelters and thus the lives of vulnerable FTIQ* are not.

 

The lockdown directly influences the right of self-determination of all FTIQ* over their own bodies. The confinement of space reinforces paternalistic controls, so that FTIQ* experience more suppression and violence from their partner or father, for example, when they try (unnoticed) to have an abortion. This is difficult anyway because of the time limit and the required compulsory appointments, when some of the clinics currently doing abortions have material shortages or are closed due to the corona virus. The situation is getting worse since due to an increase in sexual violence the demand for abortion increases as well. Furthermore, access to contraceptives is not always guaranteed. For example, many clinics no longer insert coils because this does not count as an urgent procedure. Condoms have been sold out for a long time. It is to be feared that there will be an increase in the use of unsafe abortion methods, which can have life-threatening consequences. On this occasion, some conservative states in the USA have “postponed” interventions for an undefined period of time. However, abortions cannot simply be postponed, with the result that the feminist right to physical self-determination is almost completely suspended. Forcing FTIQ* to remain pregnant is brutal state violence and leads to extreme psychological suffering. Violence is also experienced by people whose treatments are cut back due to crumbling health care systems – for instance Trans* people who are in transition and whose hormone treatments or operation dates are postponed.

 

The mental stress that affects everyone is not sufficiently dealt with. For instance, people who suffer from anxieties or suicidal tendencies, or people who can’t do psychotherapy because of the lockdown are particularly suffering during this crisis. Isolation means psychological violence for many, and it causes negative effects for mental health that are commonly underestimated. The expected increase in new registrations during and after the crisis will extend waiting times for a place at the therapist* or in a clinic – the reasons for this is that even there, budgets have been cut for years.

 

Profiting on the risk

 

The 2008 financial crisis was passed on as a debt crisis to the lives of workers: whether health or housing, everything became more expensive. In turn, working conditions and basic services deteriorated. Countries like Spain or Italy are right now brutally experiencing the consequences of several rounds of austerity politics: people passed away because not enough respirators had been produced beforehand. Medical staff have to make decisions on which patients they keep on supporting and which ones to let die. These practices derived from military medicine (triage) leads to social selection, which in turn affects marginalized people in particular: people with disabilities, people living in poverty, the homeless, elderly and racialized[4] people.

 

It is the predominantly female* hospital staff that have to pay for this economic mismanagement, in addition to the extra work they need to do during these days. Both them and the relatives of those passing away need to live with these traumatizing experiences. Conservative politicians and economists are in charge for this disaster because for years they have been prioritizing profit over human lives. In capitalism, financial speculation on the risk of a crisis is common practice!

 

Little is said about the causes of epidemics and their links to neo-colonial[5] and capitalist modes of production. Worldwide industrialization, unregulated agriculture and mass livestock farming destroy resilient ecosystems. This enables the emergence of viruses that mutate more often due to confined working and living conditions. In short, if we return to “normality” and carry on as we did before, the next epidemic is around the corner in the foreseeable future.

 

Meanwhile, those who are doing well seem to be rather unconcerned, whether in the real estate market, in the financial sector or the insurance sector. Those that have become rich as a result of common exploitative processes intrinsic to capitalism (or: the 1 %), will not be affected by the crisis either. Instead, they will benefit from it. The banks will be the main beneficiaries of the 500 million-Swiss franc package of economic aid provided by the canton of Zurich. Although they hand out loans, the canton backs 85% of them and many companies will most likely not be able to repay their loans. In a similar vein, reinsurers such as Swiss Re (turnover USD 33 billion) are speculating on making profit via this catastrophe. The “normality” is exploitative and unequal. The current situation clearly highlights that exploitation is happening along racist, gendered and class-specific dimensions. We can’t return to normality, because it is this normality that proves to be so problematic.

 

Physical distance is turned into social resistance

 

This crisis allows us to understand that the world we live in needs to change. We call on all women*, trans*, inter* and genderqueer people: Let’s express our frustration! Let’s hold on to our existing structures of resistance in order to make them stronger. Capitalism, exploitation, sexist and patriarchal structures, racist exclusion and environmental destruction are politically produced and desired. Yet, these structures can be overturned by making them visible and by building up political pressure and resistance.

 

Therefore, our struggles and convictions are more urgent than ever: it is through care and benevolence, solidarity and mutual support – not the “invisible hand” of the market – that our society is sustained and strengthened. The fact that un(der)paid work is crucially relevant for this system has become widely acknowledged. For instance, some employees such as the University of Zurich and food store chain Coop have already declared that childcare at home is recognised as working time and thus is remunerated as such. We demand that this practice is implemented for all employees and that this practice not just stops with the end of Corona but is to be continued in the future. For this to happen we simply need more political willingness.

 

As part of the measures against corona, state controls in public spaces are being extended. An atmosphere of fear is the breeding ground for state repression and increased police violence, including racial profiling[6]. The extent to which Corona reveals and reinforces racism is also echoed in the way how people believed to be of Asian origin are blamed for spreading the virus. The problem is neither China nor Corona – it is a form of global, nationally shaped capitalism and its racist and patriarchal mechanisms! We reject positions such as the slogan propagated by the Federal Office of Health (BAG) “This is how we protect ourselves #soschützenwiruns” because these positions are nationalist and excluding. What is important is a serious sense of international solidarity – as urgently as it is for Rojava, the self-governing territory in the north-east of Syria, which continues to be bombed by Turkey and militias and does not have adequate medical care either.

 

It is through these measures and the fundamental lack of social care that our social interactions and relationships are jeopardized – the interpersonal, personal and intimate. Capitalism is relentless in its attempts to individualize society even more – but in recent years emancipatory movements have created broad networks everywhere. Let us unite our struggles! Let us fight together against layoffs, bad working conditions, violence and repression. Let’s create support structures in the neighbourhood and beyond. Let’s consolidate social connections despite physical distance: Let’s use existing forms of organisation and new possibilities of digital networking, let’s share knowledge and skills. Let us remain vigilant and alerted, let us learn from the experiences of many, let us listen to each other. For a strong feminist practice!

 

FTIQ* all over the world are defending themselves and fighting for a future of solidarity: workers* at supermarket Migros Cornavin in Geneva, who were directly exposed to health risks, have successfully stopped working. In Zurich, the Ni Una Menos group continues its protest against femicides even during isolation. In Chile, millions of feminists* are protesting on their balconies against the patriarchal, neoliberal regime. Our comrades* in Italy call for daily feminist struggle using the hashtag #IORESTOACASAMA (#ISTAYATHOMEBUT).

 

As a feminist / women*strike collective, we establish links with social movements that are pulling in the same direction and develop common perspectives in order to move beyond the pandemic of capitalism into a feminist future in solidarity.

 

FTIQ*, join the intersectional feminist movement!

 

Let’s get connected:

 

Homepage:                frauenstreikzuerich.ch

Facebook:                  www.facebook.com/frauenstreikenzh/

Instagram:                  feministischerstreik_zh

Twitter:                       twitter.com/@frauenstreikZ

 

Further information:

 

syllabus.pirate.care/topic/coronanotes/

www.woz.ch/2013/gesundheitspolitik/geplante-unterversorgung

www.wildcat-www.de/aktuell/a112_socialcontagion.html

www.neues-deutschland.de/artikel/1134686.danteske-szenen.html

www.ajourmag.ch/seuche-schulden-solidaritat/

www.aljazeera.com/indepth/opinion/coronavirus-taught-inequality-200316204401117.html

static1.squarespace.com/static/59f87d66914e6b2a2c51b657/t/5e7bbeef7811c16d3a8768eb/1585168132614/AAFCZine3_CareintheTimeofCoronavirus.pdf

www.republik.ch/2020/03/26/versaeumnisse-bei-pandemie-vorsorge-kurzarbeits-gesuche-fuer-484-000-arbeit-nehmer-und-mehr-haeusliche-gewalt

taz.de/Schwangerschaftsabbrueche-und-Corona/!5673197/

www.srf.ch/news/international/coronavirus-hinter-gittern-wenn-gefaengnisse-zu-tickenden-zeitbomben-werden

www.welt.de/politik/deutschland/article206767157/Raul-Krauthausen-zu-Corona-Behinderte-haben-Angst-um-ihre-Existenz.html

www.jetzt.de/gesundheit/wie-werden-schangerschaftsabbrueche-vom-coronavirus-beeinflusst

 

 

[1] “Marginalisation“ is defined as the discrimination and displacement of individuals and groups to the margins of society.

[2] The asterisk indicates that gender categories are socially constructed and that all forms of identity and lifestyles are considered.

[3] Official statistics and some feminist discourses run along binary gender concepts. This means that exploitative structures in their gendered dimensions are completely invisibilized with regard to FTIQ*. From this perspective, care work is mainly done by women*, yet also trans*-women*, inter* and genderqueer persons are affected. (“Gendering” refers to the process of creating social differences based on the attribution of stereotypical gender roles.).

[4] “Racialisation” refers to stereotyping and valuing people on the grounds of perceivable and non-perceivable characteristics (e.g. skin colour or religion). Racism and racialization are closely connected. This order of power affects all areas of life and relationships (economic, political, social) and leads to white people being globally privileged.

[5] “Neo-colonial” refers to the fact that even after the end of formal colonialism, exploitation is still affecting the Global South, for instance, by unfair trade relations instituted through countries of the Global North.

[6] “Racial profiling” refers to the discriminatory practice by law enforcement officials of targeting individuals for suspicion of crime based on the individual’s race, ethnicity or national origin.

 

Aufruf zum 14. Juni 2020 des feministischen Streikkollektivs Zürich in verschiedenen Sprachen

Deutsch – Feministisch Pausieren, Kollektiv Organisieren

Français – Pause Féministe, Organiser Collectivement

Italiano – Rilassati Femministicamente, Organizza Collectivamente

English – Feminist Relaxation, Collective Organisation

Español – Pausa Feminista, Organiza Colectivamente

Português – Folga Feminista, Organisação Coletiva

عربى – استراحة نسوية , تنظيم بصورة جماعية

Corona-Virus: Solidarische Links und Artikel aus queerfeministischer und linker Perspektive

Es sind schwierige Zeiten für alle, seit der Coronavirus wütet und wir gezwungen sind, den Grossteil unserer Zeit Zuhause zu verbringen. Die Auswirkungen dieser Isolation sind zahlreich und global. Es ist deshalb wichtig sich weiterhin zu informieren, zu vernetzen und solidarisch zu unterstützen. Hier führen wir deshalb eine Liste mit Artikeln, hilfeleistenden Organisationen für besonders betroffene, Tools für die Onlinekommunikation und Projekten für solidarische Unterstützung. Dies ist bei weitem nicht eine vollständige Liste, Link, Artikel und ähnliches können gerne an info@streikhaus.ch gesendet werden.

Hier findest du die feministische Antwort des feministischen / Frauen*streikkollektiv Zürich auf Corona und die Kapitalismuskrise.

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Feministische Antwort auf Corona & die Kapitalismuskrise

Feminismus, Antikapitalismus

Die Pandemie und die verschärften Alltagseinschränkungen treffen die Menschen auf der ganzen Welt mit voller Wucht. Mit der Schliessung von Institutionen, dem Ausfall von Bildungs- und Betreuungsstrukturen, dem Einsetzen von Kurzarbeit und vermehrten Entlassungen, der Kontrolle des öffentlichen Lebens und des Isolationszwangs sowie der geschlossenen Grenzen werden die Widersprüche des Kapitalismus deutlich. Der Notstand trifft diejenigen Menschen, die das gegenwärtige System marginalisiert hat, am stärksten1. Als feministisches / Frauen*streik-Kollektiv schärft sich damit unser Standpunkt in der aktuellen Situation. Der langjährige Fokus auf Profit und Sparpolitik, Individualismus und die Abwertung von Care-Arbeit sind dafür verantwortlich, dass der Corona-Virus die Welt so erschüttert. Das bedeutet am Ende auch, dass wir gerade alle aufgrund eines vernachlässigten Gesundheitssystems zu Hause bleiben müssen und viele Grundrechte eingeschränkt werden.

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Feministisches Streikhaus bleibt im Moment geschlossen.

Das feministische Streikhaus solidarisiert sich mit allen durch Corona gefährdeten Personen und möchte Wege finden verantwortungsvoll und solidarisch zu handeln. Das feministische Streikhaus ruft dazu auf den politischen Austausch online zu organisieren und nicht zu öffentlichen Veranstaltungen und Sitzungen aufzufordern. Das Haus ist somit gegenüber der Öffentlichkeit geschlossen!

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Communiqué 8. März

Demonstration 8. märz

Der 8. März ist der internationale feministische Kampftag. Als Teil der feministischen Bewegung weltweit haben auch wir, das feministische / Frauen*-Streikkollektiv Zürich, unseren Protest und Widerstand auf die Straße getragen.

Unser Widerstand nahm heute viele Formen an. Die Care-Gruppe hat mit einem solidarischen Z’Morge auf der Lutterwiese und einer Demo zum feministischen Streikhaus mit streikenden Müttern und trotzenden Kinderbetreuer*innen auf die schlechten Arbeitsbedingungen im Care-Sektor und die unbezahlte Reproduktionsarbeit aufmerksam gemacht.
Das Gastra-Kollektiv ging kämpferisch von Gastro-Betrieb zu Gastro-Betrieb um gegen präkarisierte Arbeitsbedingungen zu protestieren. Laut, lustig und bestimmt zog das Kollektiv vom Idaplatz zum gemeinsamen Moment und trug die Inhalte performativ durch die ganze Stadt.

Um sexualisierte Gewalt zu thematisieren haben FIST (Feministisches, Internationalistisches, Solidarisches Treffen) und weitere Aktivist*innen die Tanzperformance El violador eres tu mehrfach aufgeführt. So haben sie die Verbindung zu lateinamerikanischen Kämpfen hergestellt.

Denn unsere Solidarität gilt allen feministischen Kämpfen weltweit.

Nachmittags haben sich die verschiedenen Kämpfe mit Tausenden FLTIQ*s (Frauen, Lesben, Trans-, Inter- und Genderqueeren Menschen) zum gemeinsamen Moment auf dem Sechseläutenplatz versammelt. Von Anfang an war die Stimmung energiegeladen. Entsprechend entschlossen haben wir uns selbstbestimmt, ganz nach dem Beschluss der nationalen Streikkoordination, die Quaibrücke genommen. Der ganze Verkehr um das Bellevue wurde lahmgelegt. Nach zwei Stunden gefüllt mit diversen politischen Beiträgen, Performances, Parolen und Musik zogen wir als Demo weiter über die Bahnhofstrasse und dem Bahnhofsplatz zum feministischen Streikhaus am Sihlquai. Dort beendeten wir den bestärkenden Tag mit Tanz und Musik.

Wir waren viele, wir waren laut und wir nehmen uns auch in Zukunft die Freiheit zu tun was wir wollen.

An jedem Tag gibt es ausreichend Gründe zu protestieren und zu streiken. Bis zum großen Streik am 14. Juni 2021 organisieren und vernetzen wir uns weiter.

 

NACH DEM STREIK IST VOR DEM STREIK! Der Widerstand gegen Staat, Patriarchat und Kapital geht weiter.